J.K. Rowling: Los beneficios del fracaso y la importancia de la imaginación

Seguramente no exista algún joven o adulto de este mundo que no haya escuchado alguna vez el nombre de “Harry Potter”. La historia que relata la vida del niño mago fue escrita por la autora británica J.K Rowling, la cual durante toda su vida debió de enfrentarse a cientos de adversidades, antes de llegar a alcanzar el éxito con su historia mágica. Es por este motivo que hoy te traemos el discurso de éxito de esta autora, el cual fue dado nada más ni nada menos que en la Universidad de Harvard.

J.K. Rowling: aprender a ver el lado bueno del fracaso

Presta mucha atención a las palabras que leerás a continuación, te aseguramos que te serán de gran inspiración a la hora de alcanzar tus objetivos.

El discurso:

“Recordar a la joven de 21 años que yo era cuando me gradué es una experiencia un poco incómoda teniendo en cuenta que ya tengo 42 años. Hace la mitad de mi vida me enfrentaba a un frágil balance entre mis ambiciones y lo que mis padres esperaban de mí. Estaba convencida de que lo único que quería hacer para siempre era escribir novelas. Sin embargo, mis padres, que vienen de entornos pobres y que nunca fueron a la universidad, vieron mi exaltada imaginación sólo como un divertido regalo personal con el que no podría pagar una hipoteca o garantizarme una pensión. Yo quería estudiar Literatura Inglesa. Llegamos a un compromiso que ahora veo no dejó satisfecho a nadie y al final acabé estudiando Lenguas Modernas. Pero, apenas el auto de mis padres se volteó en una esquina del camino, dejé de estudiar alemán y corrí al camino de los Clásicos.

No recuerdo haberle dicho a mis padres que estaba estudiando Clásicos. Creo que se enteraron el día de mi graduación. Quiero aclarar, entre paréntesis, que no culpo a mis padres por sus puntos de vista. Hay un momento en la vida en que debes dejar de culpar a los padres por guiarte en una dirección equivocada. Cuando ya eres lo suficientemente mayor para tomar las riendas de tu vida, la responsabilidad siempre es tuya. Y aún más: no puedo criticar a mis padres por desear que yo no experimentara la pobreza. Ellos ya eran pobres y entonces yo también lo era y coincidía con ellos en que ser pobre no es una experiencia gratificante. La pobreza trae consigo miedo y estrés y en ocasiones provoca depresión. Significa miles de humillaciones y necesidades.


Seguramente han tenido tanto miedo al fracaso como han deseado el éxito… Con todos estos preludios, debo decirles que sólo siete años después del día de mi graduación fracasé a una escala épica. Un muy corto matrimonio estalló y yo quedé desempleada, madre soltera, y tan pobre como es posible serlo en la actual Gran Bretaña. Los temores que mis padres sentían por mí, y que yo también sentía, se hicieron realidad y según los estándares habituales, yo misma era el mayor de los fracasos que conocía… No tenía idea de cuánto se alargaría el túnel y durante mucho tiempo cualquier luz al final de ese túnel era para mí una esperanza más que una realidad. ¿Por qué les hablo de los beneficios del fracaso? Es simple: porque el fracaso significa un camino hacia lo no esencial. Al fracasar, tuve que detenerme para entender que pretendía ser alguien muy diferente a lo que en realidad era y comencé a dirigir todas mis energías a lo que en realidad me interesaba… Fui libre, pues aunque mis más grandes miedos se habían materializado, aún estaba viva y aún tenía una hija a la que adoraba y aún tenía una máquina de escribir y grandes ideas. Fue entonces que el suelo de aquel túnel se convirtió en el cimiento sobre el que reconstruí mi vida. Tal vez ustedes nunca fracasen a la escala a la que yo fracasé, pero algunos fracasos en la vida son inevitables. Es imposible vivir sin fracasar en algo, a no ser que ustedes vivan con tantas cautelas que en realidad no estén viviendo. En ese caso fracasarían “by default”. El fracaso me dio una seguridad interior que nunca había experimentado cuando aprobaba los exámenes en la universidad. El fracaso me enseñó cosas acerca de mí misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una voluntad firme y más disciplina de la que creía. También descubrí que tenía amigos con un valor mucho mayor que el de los rubíes que brillan allá arriba.


A diferencia de cualquier otra criatura de este planeta, los humanos podemos aprender y comprender sin tener que experimentar. Podemos pensarnos en las mentes de otras personas, podemos imaginarnos en el lugar de otros. Tenemos ese poder, un poder como la magia ficción que yo he creado en mis libros, y que es moralmente neutral. Podemos usar esa capacidad para manipular y controlar o podemos usarla para comprender y simpatizar. Muchos prefieren no ejercitar nunca su imaginación. Escogen permanecer cómodamente dentro de los límites de su propia experiencia, sin preocuparse por pensar cómo se siente haber nacido siendo otro. Rehúsan escuchar los gritos de los demás o mirar a través de los barrotes. Cierran sus mentes y corazones ante cualquier sufrimiento que no los toque personalmente. Podría estar tentada a envidiar a la gente que puede vivir así, pero creo que ellos no tienen menos pesadillas que yo. Escoger vivir en espacios limitados que conducen a una agorafobia mental, engendra otros terrores. Creo que las personas sin imaginación ven aún más monstruos. Y creo que viven con más miedos. Todavía más: quienes por apatía escogen no simpatizar con los demás son cómplices de los monstruos reales… Una de las muchas cosas que aprendí al final de mis estudios de Clásicos, en los que me aventuré a los 18 años en búsqueda de algo que no podía definir en aquel momento, fue esto, escrito por el griego Plutarco: “Lo que logramos en nuestro interior cambia la realidad exterior”. Es una frase genial que comprobamos miles de veces cada día de nuestras vidas. Expresa nuestra inevitable conexión con el mundo exterior, el hecho de que sólo por existir tocamos las vidas de otras personas. ¿A cuántos de ustedes, graduandos de Harvard de 2008, les atrae la idea de tocar las vidas de otras personas? La inteligencia que tienen, la capacidad de trabajo que han demostrado, la educación que han recibido y se han ganado, los ha colocado en una situación única y con unas responsabilidades únicas. Hasta su nacionalidad los hace únicos. La gran mayoría de ustedes pertenecen al único superpoder del mundo.

El gobierno que voten, la forma en que vivan, las maneras en que protesten, las presiones que ejerzan sobre su gobierno, tendrán un impacto más allá de las fronteras de Estados Unidos. Ése es el privilegio que tienen, ésa es también la carga que llevan sobre sus hombros. Si escogen usar su estatus y su influencia para alzar la voz a favor de quienes no tienen voz, si se identifican no sólo con los poderosos sino con quienes no tienen poder, si conservan la capacidad de imaginarse en las vidas de otras personas que no tuvieron los privilegios que ustedes tienen, entonces no sólo serán el orgullo de sus familias, sino el de miles y millones de personas cuya realidad ustedes habrán ayudado a transformar positivamente. No necesitamos magia para cambiar al mundo, porque ya tenemos el poder que necesitamos dentro de nosotros mismos, tenemos el poder de imaginar lo mejor… Espero que aunque mañana no recuerden ni una sola palabra de lo que les he dicho hoy, recuerden las palabras de Séneca, otro de aquellos romanos con los que me encontré en mis estudios de los Clásicos. Decía él: “Como un cuento: así es la vida”. Lo que importa no es qué tan larga sea, sino qué tan buena es.

Les deseo buenas vidas a todos.”

J.K. Rowling.

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